Vivimos bombardeados por campañas de miedo, miedo al cáncer, miedo a la diabetes, miedo a las cardiopatías, miedos a todos los síntomas de nuestro cuerpo.
Estas campañas nos incitan a luchar desde el miedo en contra de.....el cáncer, la diabetes, las cardiopatías, etc, etc.
Nos dicen que para estar sanos debemos casi que pasarnos media vida en un hospital realizándonos estudios en busca de aquello que es tan malo. Crecemos con miedo, la emoción que nos rige desde estas campañas que supuestamente quieren nuestra salud es el miedo, es así que cada mes al hacernos el auto exámen nos aterrorizamos y a medida que transcurren los años más terror sentimos ya que está instalada en nuestro inconsciente la sentencia de que cuanto más años tengas, más probabilidades tienes de enfermar.
Sé que muchas de estas campañas responden a las mejores intenciones, pero como se dice
"El camino al infierno, está empedrado de buenas intenciones".
Si bien nunca estuve de acuerdo con estas campañas, nunca estuve de acuerdo con estas luchas aún siendo una profesional de la salud que debía actuar según directivas del sistema, en mi inconsciente evidentemente se afianzó ese miedo y esa sentencia de que debía enfermar y así fué que un día recibí el diagnóstico...."Tienes cáncer".
Si, tenía cáncer y a pesar de mis creencias al menos las que yo conocía el cáncer estaba ahí, en mi mama izquierda, las creencias que se habían ocultado en mi inconsciente habían hecho su trabajo de manera silenciosa. Ante la realidad que se manifestaba pude comprender que yo tenía el poder de elegir, sí, yo podía elegir entre dejarme ganar por el miedo o agradecer por la oportunidad que se presentaba ante mi, la oportunidad de SANAR realmente, sanar esa parte de mi que estaba enferma de miedo, y fué así que decidi entregarme y vivirlo como una gran oportunidad.
Decidí que no debía luchar contra el cáncer, porque las luchas agotan, las luchas en si son portadoras de miedo, enojos, resentimientos, decidí que iba a Bendecir lo que estaba viviendo. Mi mama izquierda se había inflamado tanto que era el doble de su tamaño, tenía colores desde el rojo al morado y la piel parecía poder romperse en cualquier momento, tenía fiebre y mucho dolor, aún así bendecía el bien que me provocaba esa situación.
Trataba de leer y concentrarme buscando la sanación, pero el dolor era mucho y la fiebre no daba respiro y yo que nunca había querido ser operada de nada de pronto sentía la urgencia de que me operaran ya y me extirparan la mama y los ganglios que a esas alturas tenían el tamaño de una pelota de ping pong.
A pesar de lo difícil que era superar cada día no sentía miedo a pesar de las campañas, a pesar de las miradas de quienes me rodeaban, la mayoría de las personas que me rodeaban estaban convencidas que moriría en breve, la única que no lo creía así era yo porque sabía que esa era mi gran Oportunidad de Sanar, de liberarme del miedo. Para mantenerme centrada en mis emociones positivas no permitía que nadie entrara conmigo a las consultas médicas, fuí sola la primera vez a la consulta con el oncólogo, cosa que sigo haciendo.
A 32 meses de la cirugía en la que me extirparon la mama y los ganglios continúo centrada en emociones positivas, al miedo lo reconozco le agradezco y lo dejo ir, me quedo con la alegría de cada momento, centrándome en el Amor hacia mi misma y hacia todo lo que me rodea, no quiero decir que lo logro todo el tiempo, hay momento en que me enojo, siento dudas, me siento triste, pero no me dejo llevar por esas emociones, las reconozco, las acepto y hasta me doy permiso de sentirlas pero siendo consciente de que soy yo quien elije cuánto tiempo se quedarán.
En el transcurso de estos 32 meses, dos de mis 4 hermanas partieron una por un cáncer de mama y la otra por un tumor cerebral, obviamente sentí y me permití la tristeza por la partida de mis hermanas, muchas personas me miraban y me miran con lástima, algunas se han animado a plantear el tema de si siento miedo ante lo que ellos creen es la certeza de que seré la próxima, pues yo no lo siento así, la partida de mis hermanas por causas relacionadas con el cáncer no me generaron en ningún momento miedo, esas circunstancias me sirvieron para comprobar lo que siempre supe, ....."Que todo es cuestión de Actitud"..sí, de la actitud que asumimos antes los hechos.
Mis hermanas, las dos, se entregaron a los médicos y sus tratamientos, confiaron en el poder de la tecnología y los fármacos, yo tomé lo que sentía me podía ayudar de la medicina tradicional, pero con la plena certeza de que solo Yo tenía el poder de Sanarme, ese Yo mío que está en contacto directo y que forma parte de la Divinidad, del Poder Superior, de Dios, de la Inteligencia Divina o como quieran llamarle.
Basada en mi experiencia personal, en mi experiencia como profesional de la salud, como persona que desarrolló un síntoma tan temido por todos como el cáncer es que entiendo que las campañas deberían realizarse no fomentando lucha alguna, sino fomentando y despertando el verdadero Poder Sanador que todos poseemos a través de la elección consciente de emociones positivas que nos nos den Poder en lugar de sumergirnos en el miedo a la muerte.
Deberíamos educar a nuestros niños desde el conocimiento de sus propio Poder, desde el desarrollo de emociones positivas no del miedo, deberíamos comenzar a educar desde la alegría y la felicidad, desde la consciencia de que los acontecimientos de la vida son oportunidades de crecimiento y desarrollo y sobre todo deberíamos decirles a nuestros niños que no tienen que luchar que tienen que aprender a ver más allá de las apariencias, que el Universo es un sin fin de posibilidades y que tenemos el poder de elegir cualquiera de esas posibilidades.
No lucho ni lucharé contra el cáncer ni contra ninguna situación aparentemente adversa simplemente porque lo que veo a simple vista jamás me mostrará la realidad, porque soy yo quien elijo qué realidad vivir.



